Después de haber viajado a varios países de América, Colombia era uno de esos destinos que llevábamos tiempo queriendo conocer. Un país del que habíamos escuchado hablar muchas veces, pero que todavía arrastraba una imagen que poco tiene que ver con la realidad que encontramos al llegar.
Después de recorrer parte de su territorio durante 15 días, volvimos a casa con la sensación de haber descubierto un país lleno de contrastes: ciudades coloniales bañadas por aguas caribeñas, pueblos de montaña rodeados de cafetales, paisajes imposibles con palmeras gigantes, barrios llenos de arte y color, y unas islas donde el mar parece sacado de una postal.
En este viaje combinamos historia, naturaleza, cultura y descanso. Nuestra ruta nos llevó desde Cartagena de Indias hasta el Eje Cafetero, pasando por Medellín y terminando en la maravillosa isla de San Andrés.
Esta fue nuestra ruta por Colombia durante 15 días.
Datos del viaje
- Fechas: del 10 al 25 de julio.
- Vuelo internacional: Madrid – Cartagena de Indias con World2Fly.
- Ruta: Cartagena (3 días) → Eje Cafetero (5 días) → Medellín (3 días) → San Andrés (4 días).
- Recomendación: dado el actual cambio de moneda, es muy recomendable llevar la mayor cantidad de dinero en efectivo para cambiarlo allí pues, además, los cajeros suelen cobrar alrededor de un 10% cada vez que retiras efectivo.
Cartagena de Indias: historia, color y sabor caribeño
Nuestra primera parada en Colombia fue Cartagena de Indias, una ciudad que enamora desde el primer momento por su arquitectura, sus colores y ese ambiente caribeño que se respira en cada esquina.
Nos alojamos en el barrio de El Cabrero, una zona tranquila situada junto a las playas y desde la que podíamos llegar caminando hasta el centro histórico.

Cartagena tiene algo especial: la mezcla entre su arquitectura colonial y los edificios de estilo republicano crea un paisaje urbano único. Pasear por sus calles es como viajar atrás en el tiempo entre balcones de madera, plazas llenas de vida y fachadas llenas de color.
Eso sí, hay que ir preparado para el clima. En julio el calor y la humedad son intensos, y caminar por la ciudad implica acabar sudando bastante.
Qué ver en Cartagena de Indias: un paseo por la ciudad amurallada
Cartagena es una ciudad para caminar sin prisa. Aunque tiene lugares imprescindibles que todo viajero quiere conocer, lo más especial es perderse por sus calles, mirar hacia arriba para descubrir los balcones llenos de flores, escuchar la música que sale de sus plazas, dejarse llevar por una mezcla única de historia y ambiente caribeño y mezclarse en el ambiente, en el que podemos encontrarnos, por ejemplo, con las típicas ‘palenqueras‘, unas mujeres con coloridos trajes y cestas de fruta, provenientes de San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de esclavizados en América.








Dentro de la ciudad amurallada encontramos algunos de los rincones más emblemáticos de Cartagena.
1) Plaza de Bolívar: el corazón histórico de Cartagena
La Plaza de Bolívar es uno de los lugares más importantes del casco histórico y uno de esos rincones donde apetece sentarse un rato simplemente a observar.
Rodeada de edificios históricos y con la sombra de sus árboles, antiguamente era conocida como Plaza de la Inquisición. Hoy es un punto de encuentro para locales y visitantes, y desde aquí es fácil comenzar un paseo por algunos de los edificios más importantes de la ciudad.
En sus alrededores se encuentran algunos de los grandes tesoros culturales de Cartagena, por lo que es una parada imprescindible durante cualquier visita.

2) Palacio de la Inquisición: una ventana al pasado de Cartagena
Uno de los edificios que más llama la atención junto a la plaza es el Palacio de la Inquisición, actualmente sede del Museo Histórico de Cartagena (su entrada cuesta 26.000 pesos colombianos para adultos y 22.000 para niños, es decir, unos 7 y 6 euros respectivamente).
Su preciosa fachada colonial contrasta con la historia que guarda en su interior. Durante la época colonial española fue la sede del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, encargado de perseguir delitos considerados contra la fe.
Hoy el museo permite conocer parte de la historia de Cartagena, desde sus raíces indígenas hasta la época colonial, además de acercarse a uno de los capítulos más oscuros de la ciudad.

3) Casa Drake: historias de piratas y el Caribe colonial
Cartagena no se puede entender sin hablar del mar Caribe y de los piratas que durante siglos llegaron hasta sus costas.
La Casa Drake recibe su nombre en relación con el famoso corsario inglés Francis Drake, que atacó Cartagena en 1586. Aunque la ciudad actual ha cambiado mucho desde entonces, pasear por sus calles ayuda a imaginar aquella época de barcos, murallas y batallas por el control de una de las ciudades más importantes del Caribe.

4) Torre del Reloj: la puerta de entrada a Cartagena
La Torre del Reloj es probablemente una de las imágenes más reconocibles de Cartagena. Después de cruzarla tuvimos la sensación de entrar en otra época, pues es como cruzar una frontera entre dos mundos. Dejas atrás el tráfico de la ciudad moderna para adentrarte en un laberinto de calles coloniales, balcones repletos de flores, plazas llenas de vida y fachadas de colores que parecen sacadas de una película y que hacen tan especial a Cartagena. Fue en ese momento cuando sentimos que el viaje por Colombia acababa de empezar de verdad.

5) Las murallas: un paseo imprescindible al atardecer
Si hay un momento especial para disfrutar Cartagena es cuando empieza a caer la tarde.
Caminar por encima de sus murallas, con la brisa del Caribe y el sonido de la ciudad de fondo, es una de las experiencias que más recomendamos.
Estas fortificaciones fueron construidas durante siglos para proteger Cartagena de los ataques de piratas y otras potencias europeas, ya que la ciudad era uno de los principales puertos del Imperio español.
Hoy son uno de los mejores lugares para contemplar el atardecer y entender la importancia histórica de esta ciudad.



6) Plaza Santo Domingo y la Gorda Gertrudis de Botero
La Plaza Santo Domingo es una de las plazas con más ambiente de Cartagena.
Sus terrazas, restaurantes y músicos callejeros hacen que siempre haya movimiento. En el centro de la plaza encontramos una de las esculturas más famosas de la ciudad: La Gorda Gertrudis, obra del artista colombiano Fernando Botero.
Cuenta la tradición popular que tocar sus pechos trae buena suerte, por lo que no es extraño ver a muchos viajeros haciéndose una fotografía junto a la escultura.
Además, esta plaza es un buen lugar para hacer una pausa y disfrutar del ambiente cartagenero, especialmente al final del día, cuando las calles comienzan a llenarse de vida. Y para los amantes del café, una parada muy recomendable es San Alberto, en la Plaza Santo Domingo, donde puedes degustar un buen café en diferentes formatos, desde los clásicos expresso hasta frappés y muchas otras variedades a elegir.




7) Catedral de Santa Catalina de Alejandría
La Catedral de Santa Catalina de Alejandría es uno de los edificios religiosos más importantes de Cartagena de Indias y una de las imágenes más reconocibles de su casco histórico.
Su construcción comenzó en el siglo XVI y, como ocurre con muchos edificios de la ciudad, su historia está ligada a la época colonial española. Su imponente torre destaca sobre las calles del centro histórico y se ha convertido en una de las estampas más fotografiadas de Cartagena.
Su interior destaca por la sencillez y la amplitud de sus espacios, muy diferente a otras iglesias coloniales más recargadas, pero es precisamente esa combinación entre sobriedad y belleza la que hace especial la visita.
Además de su valor religioso, la catedral es un ejemplo perfecto de la arquitectura colonial que encontramos paseando por Cartagena: una ciudad donde cada plaza, cada iglesia y cada fachada nos recuerdan la importancia que tuvo como uno de los principales puertos del Caribe.

8) Getsemaní: el barrio más colorido de Cartagena
Si hubo un barrio que especialmente nos conquistó fue Getsemaní.
Getsemaní es probablemente uno de los lugares con más personalidad de Cartagena. Sus calles están llenas de murales, flores, banderas y rincones donde cada pared parece contar una historia.
Para conocer mejor este barrio hicimos un free tour por el centro histórico de Cartagena de Indias y el barrio de Getsemaní, una opción muy recomendable para descubrir su historia de la mano de un guía local, que nos contó todos los detalles, historia y curiosidades de esta bella ciudad.
Nuestro guía además nos recomendó algunos restaurantes del barrio: El Vive (en este comimos pescados típicos como la posta de sierra y la mojarra, acompañados con arroz con coco, delicioso), el Mulatos o el Colombitalia (en este último probamos las típicas arepas colombianas, muy ricas).







9) Excursión a las Islas del Rosario
Desde Cartagena hicimos una excursión a las Islas del Rosario, una de las experiencias más bonitas del viaje.
Durante la excursión pudimos conocer el Oceanario, donde nos hicieron una pequeña demostración de los delfines y tiburones, disfrutar de sus aguas cristalinas y pasar un rato en sus playas paradisíacas.
Una de las curiosidades de la ruta es poder ver desde el barco la antigua mansión abandonada de Pablo Escobar, un lugar rodeado de historias en torno al narcotraficante más famoso de la historia del país.







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El Eje Cafetero: naturaleza, café y pueblos con encanto
Después de tres días en Cartagena volamos hasta el aeropuerto de Pereira para comenzar una de las partes que más ilusión nos hacía del viaje: el Eje Cafetero.
Nos alojamos en Casa Mestiza, cerca de la localidad de Quimbaya, una ubicación perfecta para movernos por la zona.Quimbaya no es uno de los pueblos más turísticos del Eje Cafetero, y precisamente por eso puede ser una buena opción si buscas conocer un lugar más auténtico y menos masificado.
Durante cinco días disfrutamos de paisajes espectaculares, pueblos llenos de encanto y, por supuesto, del maravilloso mundo del café.


Valle del Cocora: el paisaje más espectacular del viaje
Una de las visitas imprescindibles del Eje Cafetero es el Valle del Cocora.
Allí realizamos una ruta de unos 6 kilómetros para contemplar las famosas palmeras de cera, consideradas las palmeras más altas del mundo.
El paisaje es difícil de describir: enormes palmeras elevándose entre las montañas verdes crean una imagen que parece sacada de una película. Es, simplemente, un lugar que te deja sin palabras, y en el que tomar algunas de las fotografías más icónicas del país.
La entrada al Valle del Cócora cuesta 30.000 pesos colombianos por persona (alrededor de 8 euros). Además de la entrada general, hay otros lugares -turísticos totalmente- en los que puedes pagar una entrada y hacerte fotografías en distintas estructuras, carteles con letras, etc.





Salento y Filandia: pueblos llenos de color
Salento y Filandia son, probablemente, los pueblos más famosos del Eje Cafetero. Sus calles llenas de casas coloridas, tiendas de artesanía y restaurantes los convierten en una parada obligatoria.
Lo ideal es partir desde su plaza central y perderse por sus calles, contemplando la belleza de su arquitectura llena de colores.






En Filandia, además, uno de los lugares que más nos gustó fue el Mirador de la Colina (12.000 pesos colombianos, unos 3,30€, y niños menores de 6 años gratis), desde donde se tienen unas vistas espectaculares de los paisajes cafeteros, el pueblo de Filandia y los demás pueblos de alrededor.






Si te sobra tiempo, otros pueblos interesantes de la zona son Circasia, Armenia o Pijao, todos con la distribución urbanística y arquitectura similar a los dos ya comentados, pero que pueden resultar también de interés si quieres conocer más lugares del país.
Recuca: vivir la experiencia del café colombiano
Una de las actividades más divertidas que hicimos en el Eje Catefero fue visitar la finca cafetera Recuca.
Más que una simple visita a una plantación, es una experiencia cultural. Allí te explican la historia del café, te visten con la ropa típica de los recolectores (chapoleros y chapoleras), aprendes bailes tradicionales y puedes entrar en el cafetal para recoger tus propios granos (el trabajo de recolección te lo recompensan con unos billetes falsos, a modo de pago).
Fue una forma muy entretenida de entender todo el trabajo que hay detrás de una taza de café, y una visita recomendada, especialmente si viajas con niños, pues se lo pasan muy bien.







Otras experiencias en el Eje Cafetero
Durante nuestra estancia en esta zona también hicimos otras actividades interesantes:
- El Parque del Café, un parque de atracciones muy completo donde se mezcla diversión y cultura cafetera gracias a un show conocido como ‘Show del Café, en el que, con música y baile, te cuentan la historia de cómo llegó el café al país y cómo fue evolucionando todo alrededor de este producto. El precio de entrada a este parque fue de 100.000 pesos (unos 80€ persona).
- Balsaje por el río Vieja, una experiencia diferente rodeados de naturaleza, en la que se hace un recorrido de unos 15 km sobre una balsa de bambú, y durante la que puedes ir tirándote al río y bañándote a lo largo del recorrido. Se inicia en Puerto Alejandría (municipio de Quimbaya, Quindío) y termina en el sector de Piedras de Moler (entre Cartago y Alcalá, Valle del Cauca) e incluye la comida. Todo por 90.000 pesos por persona (unos 25€).
- El Laberinto Mil Caminos de Quimbaya. Se trata de un lugar muy curioso creado por un empresario que había visitado un laberinto en la Patagonia argentina y decidió llevar esta idea a Colombia. Se trata de un laberinto dividido en 7 zonas, elaborado con unos 27.000 arbustos entre los que perderse buscando la salida. Una visita curiosa, especialmente para niños, cuyo precio es de 39.600 pesos colombianos (unos 10€ persona).
- Termas de Santa Rosa de Cabal. Enclavadas entre las montañas del Eje Cafetero, las termas de Santa Rosa de Cabal son uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse. Rodeadas de naturaleza, cascadas y el sonido del agua, sus piscinas de aguas termales son el lugar perfecto para descansar después de recorrer los paisajes cafeteros. El gran protagonista es su impresionante cascada de más de 80 metros. Sumergirse en sus aguas calientes mientras la niebla de la montaña envuelve el paisaje es una experiencia que combina relax y naturaleza en estado puro. Un rincón ideal para desconectar, respirar aire fresco y disfrutar de la calma que caracteriza a esta zona tan especial de Colombia.












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Medellín: transformación, arte y barrios llenos de vida
Desde Pereira volamos hasta Medellín (un vuelo muy corto, de apenas 20 minutos de duración), donde pasamos tres días.
Medellín es conocida como la ciudad de la eterna primavera gracias a su clima suave y agradable durante todo el año. Se trata de una ciudad de unas dimensiones colosales, con muchos contrastes entre los distintos barrios.
Nos alojamos en el hotel Sloh, en el barrio de Manila, una zona que nos gustó mucho por su ambiente tranquilo y su cercanía con Provenza, otro de los barrios más turísticos, donde puedes encontrarte con una amplia y variada oferta de restaurantes, tiendas y mucho ambiente.
Durante nuestra estancia nos sentimos bastante seguros, aunque como en cualquier gran ciudad conviene informarse de las zonas más conflictivas y tener sentido común.


Comuna 13: una historia de resiliencia y transformación
Una de las visitas que más nos impactó durante nuestra estancia en Medellín fue la Comuna 13 (San Javier). Hoy es uno de los lugares más visitados de la ciudad, pero hace apenas unas décadas era conocida por motivos muy diferentes.
Durante los años 80 y 90, este barrio fue uno de los más conflictivos de Medellín debido a la presencia de grupos armados, guerrillas, paramilitares y bandas vinculadas al narcotráfico. Su complicada ubicación en la ladera de la montaña la convirtió en un punto estratégico, y durante mucho tiempo sus vecinos vivieron inmersos en una situación de violencia e inseguridad.
Uno de los episodios más duros de su historia fue la Operación Orión, llevada a cabo en octubre de 2002. Aunque su objetivo era recuperar el control del barrio, dejó una profunda huella entre los habitantes de la Comuna 13 y todavía hoy sigue siendo un capítulo muy presente en la memoria de muchos vecinos.
Sin embargo, lo que hace realmente especial este lugar no es solo conocer su pasado, sino descubrir cómo sus propios habitantes consiguieron transformar esa realidad. Hoy la Comuna 13 es un ejemplo de resiliencia. El arte urbano, la música, el baile y los proyectos comunitarios han convertido sus calles en un espacio lleno de vida, donde cada grafiti cuenta una historia y transmite un mensaje de esperanza, memoria o superación.





Durante el recorrido es imposible no detenerse a observar las enormes obras de arte que cubren las fachadas, escuchar a los artistas callejeros o disfrutar de las actuaciones de break dance que forman parte del ambiente del barrio.


Uno de los grandes cambios que ayudó a mejorar la calidad de vida de sus vecinos fue la instalación de las escaleras mecánicas al aire libre, inauguradas en 2011. Gracias a ellas, desplazarse por una zona con fuertes pendientes dejó de ser una dificultad diaria para miles de personas y, además, se convirtieron en uno de los símbolos de la renovación de la Comuna 13.
Si te apetece recorrer el barrio recomendamos hacerlo mediante un free tour por la Comuna 13 o una visita guiada. Más allá de enseñar los principales murales, los guías —muchos de ellos vecinos de la propia comuna— explican su historia desde una perspectiva muy cercana y ayudan a comprender la enorme transformación que ha vivido este lugar en los últimos años.
Al terminar la visita nos llevamos la sensación de haber conocido mucho más que un barrio lleno de grafitis. Descubrimos un lugar que ha sabido reinventarse sin olvidar su pasado y que demuestra cómo la cultura puede convertirse en una poderosa herramienta de cambio.
Relacionado con todo lo ocurrido en la Comuna 13, y si quieres conocer más sobre la historia de la ciudad de Medellín, también puedes realizar el Tour de Pablo Escobar, que se encuentra en la Comuna 9 (Buenos Aires).
Guatapé y la Piedra del Peñol: una excursión imprescindible desde Medellín
Si hay una excursión que recomendamos hacer durante una estancia en Medellín, esa es la visita a la Piedra del Peñol y al pueblo de Guatapé. Es una jornada muy completa en la que se combinan naturaleza, paisajes espectaculares, cultura y uno de los pueblos más bonitos de Colombia. La excursión incluye desayuno y comida, además del traslado en autobús.
La Piedra del Peñol: 700 escalones con recompensa
Nuestra primera parada fue la impresionante Piedra del Peñol, un gigantesco monolito de granito que se eleva más de 200 metros sobre el paisaje y que se ha convertido en uno de los grandes iconos turísticos de Colombia.
Para alcanzar su mirador hay que subir unos 700 escalones construidos en una estrecha grieta de la roca. Aunque el ascenso requiere un pequeño esfuerzo, se puede hacer con calma y merece completamente la pena.

A medida que se gana altura, las vistas son cada vez más espectaculares. Desde la cima se contempla el embalse del Peñol, un inmenso paisaje formado por decenas de islas y penínsulas verdes que crean una imagen difícil de olvidar.
Sin duda, es uno de esos lugares donde apetece detenerse unos minutos para disfrutar del paisaje antes de continuar la ruta. Eso sí, para disfrutar las vistas recomendamos hacerlo desde la explanada que se encuentra justo antes de ascender el último tramo de escaleras hacia la cima, pues en el punto más alto te encontrarás con un montón de mosquitos que se te pegan por todas partes.
El coste es de 35.000 pesos por persona (unos 10 euros) y los niños menores de 120 cm entran gratis.
Guatapé: el pueblo donde el color está en cada esquina
Después de bajar de la Piedra del Peñol nos dirigimos a Guatapé, considerado por muchos como el pueblo más colorido de Colombia y uno de los más bonitos del país.
Lo primero que llama la atención son sus famosos zócalos, unos relieves de colores que decoran la parte inferior de las fachadas de las casas. Cada uno representa escenas de la vida cotidiana, animales, flores, profesiones o elementos relacionados con la historia de sus propietarios, convirtiendo un simple paseo en un auténtico museo al aire libre. Y es que todas las casas están obligadas a tener un zócalo o, al menos, estar pintadas de algún color.









Caminar por sus calles es un auténtico placer. No importa hacia dónde mires: siempre aparece una fachada llamativa, una escalera llena de macetas o un rincón perfecto para hacer una fotografía. Es uno de esos lugares donde merece la pena simplemente pasear sin rumbo.
Además de recorrer su casco histórico, recomendamos acercarse a la plaza principal, entrar en alguna de sus tiendas de artesanía o sentarse en una terraza para disfrutar del ambiente tranquilo del pueblo. Allí podrás encontrar alguna cafetería en la que puedes probar el café preparado dentro de una papaya, algo muy original que nos recomendó nuestro guía.

Navegando por el embalse del Peñol
Para terminar la excursión, hicimos un paseo en barco por el embalse del Peñol, una forma muy diferente de contemplar este impresionante paisaje.
Desde el agua se aprecia aún mejor la inmensidad del embalse y las numerosas islas que salpican el horizonte. Durante el recorrido también se pueden observar algunas de las casas construidas en sus orillas, muchas de ellas utilizadas como residencias de descanso (algunas pertenecen a conocidos futbolistas, y también te puedes encontrar con una mansión abandonada de la hija de Pablo Escobar, que hoy en día ha comprado un complejo turístico para construir un hotel y un centro de actividades).
Es interesante conocer también la historia de este lugar, pues este embalse se encuentra situado sobre un pueblo (del que hoy en día solo queda en pie la casa de Demetrio, el médico del pueblo). También te puedes encontrar con una enorme cruz en medio del embalse que indica el lugar en el que se encontraba la iglesia.





El centro de Medellín: arte, historia y la obra de Fernando Botero
Nuestro último día en Medellín lo dedicamos a recorrer el centro histórico de la ciudad, una zona muy diferente a barrios como El Poblado o Provenza, pero que merece la pena visitar por su enorme valor cultural, con la Plaza Bolívar y la Catedral. Eso sí, para visitar esta zona es recomendable hacerlo en pleno día, si puede ser por la mañana, pues se trata de un barrio más problemático, aunque está altamente vigilado por la policía.


Plaza Botero: el mejor lugar para descubrir la obra del artista colombiano
Uno de los lugares más emblemáticos del centro es la Plaza Botero, un amplio espacio al aire libre donde se exhiben 23 esculturas monumentales donadas por el artista Fernando Botero a su ciudad natal.
Pasear entre estas enormes figuras de formas redondeadas es una experiencia curiosa, ya que muchas de ellas se han convertido en auténticos símbolos de Medellín. La plaza está siempre llena de ambiente y es uno de los rincones más fotografiados de la ciudad.


Museo de Antioquia
Frente a la plaza se encuentra el Museo de Antioquia, una visita imprescindible para quienes quieran conocer mejor la historia y la cultura de la región.
Además de albergar una importante colección de arte colombiano e internacional, el museo conserva una de las mayores exposiciones permanentes dedicadas a Fernando Botero, con pinturas, dibujos y esculturas que permiten comprender la evolución de uno de los artistas colombianos más reconocidos en todo el mundo.
Incluso para quienes no son grandes aficionados al arte, la visita resulta muy interesante, ya que ayuda a entender el estilo tan característico de Botero y su enorme influencia en la cultura colombiana.
Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe
Justo al lado del museo se alza el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, uno de los edificios más llamativos de Medellín.
Su fachada, construida en un llamativo estilo neogótico y decorada con franjas blancas y negras, contrasta con el resto de edificios del centro y hace que sea imposible pasar por allí sin detenerse a observarla.

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San Andrés: el Caribe colombiano más azul
Para terminar el viaje volamos hasta la isla de San Andrés, en el Caribe colombiano, donde pasamos los últimos cuatro días.
Es importante que, antes de acudir al aeropuerto con destino a esta isla, te asegures de llevar encima dinero en efectivo para pagar la tasa turística de entrada a San Andrés (150.000 pesos por persona, unos 40€). Y es que solo puede pagarse en efectivo, no admiten tarjeta, por lo que, para evitar sustos, mejor es que lo tengas preparado.
En la isla nos alojamos en el hospedaje Sol y Mar, cerca del centro y del aeropuerto, una ubicación muy cómoda para ir caminando hasta la playa y el centro del pueblo.
San Andrés es conocida por sus aguas de siete colores (algo que podrás comprobar en cuanto te pares a observar los distintos tonos de azul y verde de sus aguas) y sus paisajes tropicales.

Qué hacer en San Andrés
Algunas experiencias imprescindibles en la isla, que puedes contratar a algunos de los numerosos vendedores de tours que te encontrarás por la calle, son las siguientes:
- Visitar el Acuario. Se trata de un espacio de mar entre dos islas con escasa profundidad y unas aguas muy claras en donde se puede hacer snorkel para descubrir la amplia fauna marina de la zona, que va desde peces de colores hasta tiburones (inofensivos).

- Bañarse en las piscinas naturales. El mar cercano a la isla de San Andrés cuenta con algunas piscinas naturales en las que resulta imprescindible disfrutar de un tiempo de baño entre aguas turquesas.


- Conocer Johnny Cay. Una de las islas más famosas alrededor de San Andrés, conocida por su arena coralina fina y blanca y sus aguas claras.



Además, es imprescindible recorrer todo el paseo marítimo de San Andrés, descubriendo los restaurantes y tiendas, así como darse un baño en sus playas.
Y otra de las actividades que se pueden realizar es alquilar un carrito (allí les llaman Mula) para recorrer la isla completa y parar en los lugares más llamativos. Así, durante el recorrido te puedes encontrar con numerosos chiringuitos, piscinas naturales, una casa tradicional donde te explican la historia de la isla, cómo eran las antiguas viviendas y la curiosa historia del pirata que llegó a la isla y la repobló con sus 120 hijos y muchos puntos de interés más.








En nuestro caso también hicimos paradas en lugares como Eco Parque West View, muy recomendable si viajas con niños gracias a su famoso tobogán que termina directamente en el mar, y el Hoyo Soplador, un lugar en el que, a través de un agujero en el suelo, el mar sopla con fuerza y, a veces, expulsa agua.
Colombia, un viaje que nos sorprendió
Como conclusión hemos de decir que Colombia ha sido uno de esos viajes que se quedan en la memoria.
Nos llevamos la imagen de un país mucho más diverso de lo que imaginábamos: ciudades llenas de historia, naturaleza espectacular, pueblos con encanto y, sobre todo, personas amables que hicieron que cada lugar fuese todavía más especial. Sin duda, un destino que visitar al menos una vez en la vida y al que nos gustaría volver, pues son muchos los atractivos que ofrece y que nos quedaron pendientes.
A continuación compartimos algunas actividades por si son de tu interés y quieres llevar todo planificado, además de poder contribuir con nuestro blog:
- Free tour por el centro histórico y el barrio de Getsemaní
- Paseo en barco al atardecer por la bahía de Cartagena
- Tour del café en Cartagena de Indias
- Tour en chiva rumbera por Cartagena + Fiesta en una discoteca
- Visita guiada por Filandia
- Excursión al Valle de Cocora + Visita a una finca cafetera
- Excursión a la finca Recuca
- Excursión al Parque Nacional Los Nevados
- Tour privado por Salento
- Degustación de café en Salento
- Free tour por la Comuna 13
- Free tour por Medellín
- Excursión a Guatapé + Paseo en bote rumbero
- Tour por los miradores de Medellín
- Tour panorámico por Medellín
- Paseo en helicóptero por Medellín
- Alquiler de moto o buggy en San Andrés
- Paseo en pontón por San Andrés
- Excursión a Cayo Acuario
- Parasailing por San Andrés
- Tour por los cayos de San Andrés
- Fiesta en el bar flotante Ibiza
- Bautismo de buceo en San Andrés
- Excursión a Johnny Cay
- Paseo en barco de cristal
CARTAGENA DE INDIAS
EJE CAFETERO
MEDELLÍN
SAN ANDRÉS

