Hay ciudades que sorprenden por un monumento concreto y otras en las que, simplemente, vas caminando y no paras de encontrarte con lugares que merecen la pena. Eso es precisamente lo que nos pasó en nuestra escapada a Zamora y Toro.
Habíamos ido con ganas de conocer un poco más de esta zona de Castilla y León, pero reconozco que no esperaba encontrarme con semejante concentración de patrimonio románico.
Zamora nos conquistó con sus iglesias, sus calles y su ambiente medieval, mientras que Toro, más pequeño y tranquilo, fue el complemento perfecto para continuar disfrutando de iglesias, monasterios y edificios históricos.
Si os gusta el arte, la historia y especialmente el románico, creo que esta combinación es perfecta para una escapada de fin de semana.
Zamora, la ciudad del románico
Zamora fue nuestra primera parada y enseguida nos dimos cuenta de que aquí el románico está prácticamente por todas partes.
La ciudad conserva un número extraordinario de iglesias románicas, muchas de ellas repartidas por su casco histórico, por lo que recorrer Zamora se convierte casi en una pequeña ruta arquitectónica.
Una buena forma de empezar es acercarse hasta la Plaza de Viriato y desde allí comenzar a recorrer el centro histórico.
Iglesia de Santa María Magdalena
Una de las primeras iglesias que merece la pena buscar es Santa María Magdalena, situada en la Rúa de los Francos.
Su portada es uno de esos detalles que hacen que merezca la pena detenerse y observarla con calma. Es una iglesia que exteriormente puede parecer sencilla, pero que guarda algunos de los elementos más interesantes del románico zamorano.

Iglesia de San Ildefonso
Muy cerca encontramos la iglesia de San Ildefonso, otro de los templos imprescindibles de la ciudad.
El edificio tiene una historia muy larga y en su interior se conservan los restos de San Ildefonso de Toledo y de San Atilano, dos figuras vinculadas a la tradición religiosa de Zamora.

San Cipriano y Santa María la Nueva
Si tenéis tiempo, merece la pena seguir buscando otras iglesias como San Cipriano y San Juan de Puerta Nueva.
Lo bonito de visitar Zamora es precisamente eso: no hace falta ir de un monumento a otro con prisas. Muchas de estas iglesias aparecen integradas en el propio entramado de la ciudad y permiten ir descubriendo el patrimonio mientras paseas.


Actualmente existe además la entrada conjunta ‘La Milla Románica’, que permite visitar varios templos románicos con un único bono. La Oficina de Turismo de Zamora informa de una entrada conjunta de 6 €, aunque los horarios y templos incluidos pueden variar según la época del año, por lo que conviene comprobar la información antes de la visita.
La Catedral de Zamora
Y, por supuesto, no podía faltar la Catedral de El Salvador.
Aunque su construcción pertenece fundamentalmente al siglo XII y presenta características románicas, uno de los elementos que más llama la atención es su famoso cimborrio, con influencia bizantina, que se ha convertido en una de las imágenes más características de Zamora. Si la visitas también podrás disfrutar del museo que alberga en su interior, con excelentes piezas como tapices y su magnífica custodia catedralicia.








La Catedral se encuentra en la parte más elevada del casco histórico, junto al castillo y las antiguas murallas, así que es una zona perfecta para continuar el paseo.
Nos gustó especialmente recorrer esta parte de la ciudad, porque además de los monumentos permite disfrutar de unas bonitas vistas sobre el Duero. Sobre el río, además, se encuentra uno de los mejores lugares para disfrutar de una vista panorámica de Zamora: su famoso puente de piedra, que merece la pena recorrer caminando.


El Castillo de Zamora y sus jardines
Junto a la Catedral encontramos otro de los lugares que merece la pena visitar en Zamora: su castillo medieval.
Aunque actualmente quedan principalmente los restos de la antigua fortaleza, todavía podemos hacernos una idea de la importancia que tuvo gracias a sus murallas, torres y estructuras defensivas.
Una de las cosas que más nos gustó fue precisamente pasear por los jardines que rodean el castillo, desde donde se pueden disfrutar unas bonitas vistas de la ciudad y del río Duero.
El recinto conserva elementos como el foso, las murallas y varias torres, y su ubicación elevada hacía que fuese un punto estratégico fundamental para la defensa de Zamora.
Además, la entrada al castillo es gratuita, por lo que es una visita que merece muchísimo la pena incluir en cualquier recorrido por la ciudad.





Después de recorrer las iglesias románicas del casco histórico, acercarse hasta el castillo y terminar el paseo contemplando el paisaje desde lo alto nos pareció una de las mejores formas de conocer esta parte de Zamora.
El modernismo de Zamora: un paseo por la calle Santa Clara
Zamora es famosa por su impresionante patrimonio románico, pero basta con pasear por sus calles para descubrir una ciudad completamente diferente.
La calle Santa Clara es uno de los mejores lugares para hacerlo. Esta animada calle peatonal, que conecta la Plaza Mayor con el parque de la Marina Española, fue uno de los ejes del crecimiento de la ciudad y conserva a lo largo de su recorrido numerosos ejemplos de arquitectura modernista.
Fachadas ornamentadas, balcones de hierro, miradores y todo tipo de detalles decorativos aparecen entre los comercios y las calles del centro. Muchos de estos edificios fueron construidos a comienzos del siglo XX, cuando la burguesía zamorana quiso dar a la ciudad una imagen más moderna y acorde con las nuevas corrientes arquitectónicas europeas.
Uno de los puntos más curiosos del recorrido es la Plaza de Sagasta, donde se encuentra una escultura que probablemente no esperábamos encontrar en una ciudad tan asociada al románico: Adán después del pecado. La obra, realizada en bronce por Eduardo Barrón, representa a un hombre desnudo y mide más de dos metros de altura. Desde 2020 ocupa el centro de la plaza, rodeada por algunos de los edificios modernistas más representativos de Zamora.


Zamora también se disfruta de bar en bar
Y después de tanto románico, toca hablar de otra de las cosas que más nos gustaron de Zamora: el tapeo.
Porque si hay algo que combina perfectamente con recorrer iglesias, plazas y calles del casco histórico es ir haciendo pequeñas paradas para probar alguna tapa y tomar algo. Zamora tiene una tradición de tapeo muy arraigada y hay varios bares que se han convertido en auténticos clásicos de la ciudad.
Una zona imprescindible para tapear es la calle de los Herreros, donde se concentran varios bares y locales tradicionales. Allí se encuentran, por ejemplo, el Mesón Bayadoliz, uno de los clásicos de la zona, donde lo más famoso es probar su famoso Sandgüichez, y también otros establecimientos como Bodega Chori, conocida por sus tapas y su chorizo zamorano a la brasa, o el Bar Caballero, donde probamos unos deliciosos mejillones y patatas bravas.
Si os gustan los pinchos de carne, hay otro nombre que aparece inevitablemente cuando buscas dónde tapear en Zamora: El Lobo – El Rey de los Pinchitos. Aquí la especialidad son precisamente los pinchitos de carne a la brasa, que se pueden pedir picantes o sin picante. Es todo un clásico zamorano y uno de esos sitios que merece la pena conocer aunque solo sea para probar su tapa más famosa.
También merece una mención La Sal, otro de los nombres habituales cuando se habla del tapeo zamorano. Su propuesta combina tapas, productos de calidad y una interesante selección de vinos, y ha sido señalada por Guía Repsol como uno de los lugares de referencia para descubrir la gastronomía de la ciudad.
Y otro de los más conocidos es el Bar Bambú, en la calle Alfonso de Castro. Es famoso, sobre todo, por sus tiberios, unos mejillones en salsa picante, y por las llamadas perdices de mar, una tapa elaborada con sardina rebozada. Son dos de sus especialidades más características y llevan décadas formando parte de la tradición gastronómica del local. Nosotros nos quedamos con las ganas de probarlo, porque cuando fuimos estaba cerrado… será la excusa para volver a visitar la ciudad.
Nosotros descubrimos así otra cara de Zamora que nos gustó mucho. Porque entre una iglesia románica y otra, siempre hay tiempo para sentarse en una terraza, pedir un vino de la tierra y probar alguna tapa.
Toro, otra sorpresa para los amantes del románico
Después de disfrutar de Zamora nos acercamos hasta Toro, una localidad que, aunque mucho más pequeña, concentra también un patrimonio impresionante.
Y aquí encontramos uno de los grandes protagonistas de nuestra escapada:
La Colegiata de Santa María la Mayor
La Colegiata de Santa María la Mayor es, probablemente, el monumento más conocido de Toro y uno de los grandes imprescindibles de la visita.
Su construcción comenzó a finales del siglo XII y continuó durante el siglo XIII, por lo que en ella podemos apreciar esa transición entre el románico y el gótico. Desde lejos ya llama la atención su imponente silueta y, especialmente, su espectacular cimborrio, que se ha convertido en una de las imágenes más características de Toro.
Pero si hay algo que nos sorprendió especialmente durante la visita fue el Pórtico de la Majestad. Se encuentra en el interior de la Colegiata y es una auténtica maravilla de la escultura medieval. Se trata de una portada monumental realizada a finales del siglo XIII, ya en un momento en el que el gótico comenzaba a introducirse en la arquitectura y la escultura. Y lo mejor es que, a diferencia de muchos otros pórticos medievales, conserva buena parte de su policromía original, por lo que podemos hacernos una idea mucho más cercana de cómo eran estas esculturas cuando fueron creadas.






En el centro aparece Cristo en Majestad, rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas, y a ambos lados se distribuyen diferentes figuras y escenas religiosas. Merece la pena acercarse y observar todos los pequeños detalles porque, cuanto más lo miras, más cosas descubres.
A nosotros nos pareció uno de esos lugares en los que merece la pena quedarse unos minutos más, en lugar de limitarse a hacer la típica visita rápida. Así que, si vais a Toro y visitáis la Colegiata, no os quedéis únicamente con la impresionante imagen del edificio desde el exterior: buscad el Pórtico de la Majestad y fijaos especialmente en sus colores. Es, sin duda, uno de los grandes tesoros que guarda la Colegiata.
El bono turístico de Toro
Una de las cosas que más nos gustó descubrir durante la visita fue que en Toro existen bonos turísticos para visitar varios de sus monumentos religiosos.
Hay un bono de 6 € para visitar cinco iglesias, que incluye:
Colegiata de Santa María la Mayor: la gran protagonista de Toro, con su espectacular cimborrio y el impresionante Pórtico de la Majestad.
Iglesia de San Salvador de los Caballeros: antiguo templo de estilo románico mudéjar que conserva un interesante conjunto de pinturas murales.


Iglesia de San Sebastián de los Caballeros: pequeña iglesia de origen románico que actualmente alberga una interesante colección de arte sacro.


Iglesia del Santo Sepulcro: uno de los templos históricos de Toro, vinculado a la Orden del Santo Sepulcro y situado en plena Plaza Mayor.



Iglesia de San Lorenzo el Real: una de las mejores muestras del románico mudéjar de Toro, con un interior que merece la pena descubrir.




Y existe otro bono de 10 € que incluye esos monumentos y añade el Real Monasterio de Sancti Spíritus.
El bono se puede adquirir en cualquiera de las iglesias, en la Colegiata o en el monasterio.
Si tenéis intención de visitar varios monumentos, merece mucho la pena tenerlo en cuenta, porque las entradas individuales de las iglesias son de 2 € y el monasterio tiene una tarifa individual de 6 €.
Real Monasterio de Sancti Spíritus
Y si hacéis el bono completo, no dejaría fuera el Real Monasterio de Sancti Spíritus.
Por fuera puede no dar una idea de todo lo que encontramos en su interior, pero la visita nos pareció especialmente interesante.
El monasterio fue fundado por la infanta portuguesa Teresa Gil y conserva, entre otras piezas, el sepulcro en alabastro de la reina Beatriz de Portugal, además de una importante colección de arte sacro y elementos arquitectónicos que permiten conocer cómo era la vida dentro del monasterio.
La visita al monasterio es guiada y, precisamente por eso, creo que merece la pena reservar un poco de tiempo para hacerla con calma.






Una escapada perfecta para un fin de semana
Una de las cosas que más nos gustó de esta escapada fue que Zamora y Toro se complementan perfectamente.
Zamora es más grande y ofrece muchísimo que recorrer: iglesias, catedral, castillo, murallas, calles del casco histórico y las orillas del Duero.
Toro, en cambio, se puede recorrer con más tranquilidad y permite concentrarse en su patrimonio medieval, sus iglesias y la Colegiata.
Nosotros fuimos buscando una escapada tranquila y terminamos descubriendo una zona que nos sorprendió muchísimo por la cantidad y calidad de su patrimonio.
Si os gusta el románico, creo que Zamora y Toro deberían estar en vuestra lista de escapadas por Castilla y León.
Y si, como nosotros, disfrutáis entrando en iglesias, descubriendo pequeños detalles arquitectónicos y paseando sin demasiadas prisas, todavía más.
Porque quizá lo mejor de esta escapada es que no hace falta buscar demasiado: en Zamora y Toro, muchas veces, simplemente hay que levantar la mirada para encontrarse con una auténtica joya medieval.
Esperamos haberte animado a conocer ambas localidades. Y si te gusta llevar las cosas planificadas y, además, quieres contribuir a mantener nuestro blog, abajo te dejamos unos cuantos planes por si son de tu interés:
- Visita guiada por Zamora
- Free Tour por Zamora
- Visita guiada por Zamora y el castillo
- Free Tour de los misterios y leyendas de Zamora
- Tour nocturno por Zamora
- Tour por la Zamora modernista
- Tour de la Zamora medieval
- Tour privado por Zamora
- Tour de luces y leyendas de Zamora
- Visita guiada por Toro
- Visita guiada por Toro y una bodega tradicional
- Tour privado por Toro
- Visita a las Bodegas Piedra
- Visita a la bodega Palacio de Villachica
- Visita a las bodegas Fariña
ZAMORA
TORO

